Buscando a Jesús
Publicado en General el 26 de Septiembre, 2008, 21:02 por Mikail Miguel|
De igual forma, la figura de María Magdalena, representa la del discípulo-esposa en quien Jesús deposita no solo la autoridad de la Iglesia sobre la de Pedro sino además la heredad en la sangre de sus hijos. Claro que el libro El Evangelio de las Logias continuara a pesar de la irreparable pérdida de mis archivos que contenían una gran cantidad de información para estas páginas y seguirá revelando los misterios que Marco Vicenzio, como llamo a mi personaje principal en esta novela, irá descubriendo durante su misión que el Emperador Constantino le encomendara, la cual tiene como propósito buscar a Jesús, es decir, encontrar lugares como el de su nacimiento en Belén, su sepulcro cerca del Gólgota, el Cenáculo o lugar en que se realizo la cena Pascual anterior al día de su muerte así como el pretorio donde fuera azotado y bajo el cual por tradición, se dice está enterrado el Templo de Salomón anterior al levantado por Herodes anuqué se dice que éste también fue levantado sobre las ruinas del antiguo Templo, todo esto en Jerusalen. Buscar a Jesús significa también, encontrar pruebas de su existencia, mediante reliquias, documentos y objetos que den testimonio de que su presencia en la tierra fue real. Yo también un día, angustiado por la ausencia de Jesús, ese Jesús que me dieron a conocer en mi hogar y después en el colegio y que en mis años de juventud en que el marxismo y el socialismo parecían dar respuesta a un cristianismo-humanista que brotara en la mayoría de los países tercermundistas, convirtiendo la palabra Justicia en Dios en la palabra Justicia Social hasta convertirse en Revolución, y la palabra Amor en Libertad Sexual. Así un día, mi vida agobiada por la ausencia de ese Jesús de mi niñez, sintió la urgencia de buscarle y de esa forma, supe que él siempre había estado a mi lado pero que no era yo quien lo encontraría sino que él saldría a mi encuentro. Durante 2 años había estado dirigiendo varios clubs latinos en el área de Houston y mi vida resbalaba cuesta abajo, un día decidí abandonar esta ciudad para dirigirme a Nueva Orleáns y poder aprender de los muchos artistas que hay en esa ciudad. Deseaba aprender la técnica de pintura al pastel (crayón) y Tempera (acuarela opaca) que Degasutilizara durante su permanencia en este bello lugar con un sabor de provincia francesa y que los pintores han retomado y hecho el medio preferido de pintura de esta ciudad. Con esas ideas en mi mente, me dirigí a la central de autobuses a comprar mi boleto. Un amigo mío que vivía en la misma área, se me pego y casi rogando, me pidió que le permitiera viajar conmigo a Nueva Orleáns. Con lagrimas en los ojos me dijo, "quiero salir de este barrio, todos mis amigos son a todo dar conmigo, pero no me invitan un taco de comida pero si cerveza todo el día". "Soy un alcohólico pero quiero dejar esto". Lo acepte como acompañante y juntos tomamos el camión para dirigirnos a la central de autobuses de Houston. La central de autobuses es pequeña comparada con el tamaño de esta ciudad y está localizada en el área del centro de Houston. Al llegar, nos dirigimos a la ventanilla de boletos y después de conocer el precio del pasaje, sacando dinero de mi bolsa, me dispuse a comprar el boleto pero antes, le pregunte a mi amigo por su dinero, para comprar también el de él. Admirado de mi pregunta me contesto que no traía dinero, que él pensaba que yo se lo iba a pagar. "Mira", le dije "traigo solo lo suficiente para mí y para pasarla los primeros días en esa ciudad antes de empezar a buscar trabajo". Replicando me dijo, "es fin de año, quedémonos a buscar trabajo para aprovechar estas fiestas en que trabajo es lo que sobra, y con más dinero en la bolsa, podríamos hacerla mejor al llegar". "Y ¿Dónde nos quedaríamos?" Le dije. "No te preocupes, ¡tú sígueme!" Y siguiéndole, me llevo al Ejército de Salvación. Nos dieron tres noches para quedarnos, esa noche es cuando mi alma decidió buscar a Jesús con más ansia. Una vez dentro del edificio, al ir a los dormitorios, vi su rostro entre los que formaban fila, lo busque en todo el salón para cerciorarme de su presencia, pero nunca pude verlo en ninguna de las camas. Me fui a dormir pensando que todo había sido una figuración mía pero en la mañana muy temprano, cuando salía del edificio, le vi platicando con varios de los que habían dormido en el salón. Pienso que se molesto al notar lo insistente de mi mirada, por lo que regrese al comedor para traer a mi amigo y poder mostrárselo, así al menos no pensaría que fue de nuevo mi imaginación. Cuando salimos a la calle, de nuevo había desaparecido y el grupo que le rodeaba, se había desintegrado mezclándose con otros. Cruzamos la calle y pensé que tal vez había entrado a la agencia de empleo a la que pensábamos inscribirnos, pero tampoco estaba ahí. Me inscribí con mi amigo en la lista de la agencia y tomamos asiento para esperar que nos llamaran cuando alguien solicitara algunos trabajadores. Como a los 15 minutos de estar sentado con él, le dije, "Te veo en la tarde, voy a caminar para distraer la mente: Salí sin rumbo fijo y tome un camión para ir al centro que estaba relativamente cerca del lugar y con el cual estaba además mas familiarizado. Le pregunte al chofer que era hispano donde había una iglesia Católica y me dijo que él me mostraría donde bajar. La iglesia estaba enclavada en un barrio hispano cercano. Me baje del autobús y fue entonces que vi que la iglesia tenía el nombre de Nuestra Senora de Guadalupede. Me dirigí a las
oficinas que resultaron ser las de la escuela en la que sus alumnos estaban en
clases a esas horas. Con ansia en mis
palabras le pregunte a la secretaria por un sacerdote para confesarme. Con una voz
burocrática me dijo, "Hoy no hay confesiones, necesita venir el próximo
viernes antes de misa". Un poco irritado le
conteste que cuando un enfermo de gravedad acude a la sala de Urgencias del
hospital, es porque espera ser atendido por un doctor con urgencia. "Hoy yo me he
sentido enfermo de gravedad de no confesar mis pecados en muchísimos años
y la respuesta que me Usted me ha dado, es como si me hubiera arrojado del
hospital". Me disponía a salir,
cuando de una puerta lateral de la oficina, salió un sacerdote que había estado
escuchando la conversación y llamándome, me dijo con una voz muy amable
"Pase a mi oficina, allí podré confesarle". No sé cuánto tiempo
duro mi confesión, posiblemente una hora, quizás más, años habían pasado en que
me había alejado de Dios y de la Iglesia, ni tan siquiera me había dado cuenta
de los cambios y reformas llevados a cabo por elConcilio Vaticano II pero lo que más me sorprendió al final
de mi confesión, fue la penitencia que el padre me impuso. "No solo te has olvidado de Jesús sino también del prójimo, en el cual Jesús está presente y quiere ser buscado en él. Estos años que has vivido, lo has hecho en un total egoísmo y buscando solo el placer personal y tu beneficio". "Como penitencia te voy a pedir que vayas y busques un amigo y en tres días le demuestres tu afecto". ¿Buscar a un amigo? Pero ¡si ya lo cargo conmigo!, pensé para mis adentros y acordándome de él me pregunté si éste habría conseguido trabajo, por lo que me regrese al edificio del Ejército de Salvación a esperarle. La hora de entrar al dormitorio llegó, y él no aparecía, por lo que pregunté si habría otro lugar al que él pudiera haber ido. Alguien me señalo otro lugar en el centro, donde la admisión concluía mas tarde y yo sin pensarlo, me dirigí a ese lugar. Estrella de la esperanza se llamaba ese lugar. Sus instalaciones contrastaban con las limpias y modernas del Ejército de Salvación. Alineaban cerca de 300 literas (una cama arriba y otra abajo) por lo que tuve que compartir la sala con cerca de 600 personas sin asear que despedían un olor desagradable. El olor y el ambiente del lugar no me dejaron dormir en toda la noche, por lo que me levante y estuve platicando y tomando café con el guardia de seguridad. Al día siguiente muy de mañanita, me regrese a buscar a mi amigo. Ya el día anterior, le había comprado cigarros y le había dado algo de dinero para el autobús y algún lonche y refresco para comer. Después de algún tiempo de esperarlo, por fin apareció como a las 8 de la mañana. Era sábado, penúltimo día de 1984. Venia hambriento y buscando por cigarros, me comento que aun no le habían pagado. Le pregunte porque no había venido el viernes y me contesto que se había quedado a dormir con otros en el sitio al que fue a trabajar ya que habían terminado tarde. "Vamos", le dije "te voy a comprar cigarros y te voy a invitar a almorzar, después veremos donde comemos". Al terminar de almorzar, me contesto, "voy a regresar para cobrar mi dinero y al mediodía te voy a llevar a un lugar donde sirven una comida a todo dar". "Bueno, ya veremos si yo te sigo esta vez" le respondí. Ese día me llevo a un lugar donde mi mentalidad de católico quedo confundida. En el corredor pude ver una estatua de la virgen María (creo que era en su advocación de La Inmaculada Concepción, en sus paredes pude ver otras estatuas e imágenes de santos. El catolicismo en que crecí, jamás se intereso en una pastoral social pues toda nuestra visión se concentraba en lo espiritual. Me resistía a que fuera un lugar católico el que estuviera otorgando este tipo de ayuda, por lo que no pude resistir la tentación y resuelto me dirigí a preguntar a la persona que estaba sentada en la oficina a la entrada. Ahora sé, se llama Estela y tiene un corazón tan grande como su enorme cuerpo. "Sí", me dijo, "este es un lugar católico y se llama Casa Fátima y pertenece a la Legión de María". "Nosotros no ofrecemos esta comida, lo hace otra organización católica que esta remodelando su edificio ubicado a un lado de éste, nosotros solo les facilitamos este lugar para que sirvan las comidas mientras terminan de remodelar el de ellos". Lleno de curiosidad, me dirigí al edificio en remodelación y dentro de mí, empezaron a brotar deseos de ayudarles, lavando los platos o limpiando las mesas. Pregunte por el encargado y me señalaron al que dirigía la cocina, me presente y le ofrecí mi ayuda, su respuesta fue cortante, "¡no necesitamos ayuda!" Al ver mi cara de frustración, me dijo, "si vienes mañana domingo, después de misa se invita a los que quieren participar en un programa de ayuda y permanencia en las casas y te puedes enlistar". Esa tarde mi amigo fue a cobrar su dinero y me dijo que ya tenía suficiente para comprar su pasaje. Al día siguiente le dije que quería ir a comer al mismo lugar del día anterior. Tal como me habían dicho, después de misa, una dama hizo la invitación para aquellos que desearan quedarse un mes a prestar ayuda, ellos les darían el pasaje del autobús para ir a cualesquier parte de los Estados Unidos, si su idea era dirigirse a otra ciudad o bien podían quedarse para buscar trabajo en Houston o continuar viviendo con ellos y ayudando en las necesidades de la comunidad. 30 días, pensé yo, que poco tiempo para servir aquél al que has olvidado y que siempre ha estado a tu lado. Al terminar de comer, mi amigo, cuyo nombre es Elías, me apuro para ir a comprar los boletos. "Ve tú", le dije, "yo he decidido quedarme con ellos un mes". Sorprendido de mi respuesta, se despidió de mí y desde entonces no he vuelto a saber de él. Sentí que mi búsqueda por Jesús apenas había comenzado pero que a él correspondía cuando salir a mi encuentro. |

